El Diablo sabe más por viejo…


Los dichos populares tienen la gracia de llevar, a imágenes, un saber no especulativo pero no por ello carente de conceptos. ‘La cabra tira pa’l monte’ o ‘Dios sabe más y pregunta menos’ encierran un saber práctico-experiencial de la realidad cotidiana donde vida y pensamiento se juntan en un par de ‘palabras visuales’.

De todos los dichos, me encanta el siguiente: ‘una mujer tiene más fuerza que una yunta de bueyes’. Con este dicho –que al menos yo entendí así- no se alude a la fuerza física de los bueyes ni a la forma que tienen algunas mujeres, sino al poder que poseen los afectos. Por el amor de una mujer somos capaces de prometer este mundo y el otro, recorrer grandes distancias con la esperanza de encontrarla al final del camino, o incluso escuchar FM DOS.

Este dicho, a mi juicio, pone de manifiesto que las ideas no son la ‘huincha’ que utilizamos para medir, en último término, nuestro actuar. La fuerza o pereza de nuestros actos depende de la cercanía o lejanía respecto al centro afectivo que cada uno tiene. El sismógrafo que tenemos en el corazón nos muestra con certera claridad cuando algo nos aleja del tesoro escondido o la perla preciosa. Así vamos calibrando los reales empeños diarios.

Por la fuerza de nuestros afectos, lo que no ha ganado ciudadanía en nuestro corazón solo satelita nuestra vida… aunque sea el más noble de los valores. Cuando sabes que ella estará ahí, eres capaz de inventar cualquier historia para encontrarte con ella. Los medios, si no existen, son rápidamente descubiertos.

En el evangelio de este domingo, Jesús invita a la radicalidad ‘afectiva’ total. No quiere nuestro tiempo ni nuestros esfuerzos. Por eso sus preguntas van dirigidas como un dardo al corazón; lo quiere todo de nosotros. ¡Y nosotros todavía predicando a un Dios TODO-metafísico! Si no decimos que Dios es amor y que nuestro corazón es Su templo/hogar, todo lo demás serán chivas para resguardar nuestro tesoro.

Mario

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