Grandes detalles



A mi abuela Ita

Cuando estaba en el colegio
todo los miércoles iba a almorzar con mis abuelos.
Lo delicioso era que yo podía imaginar el menú,
y mi abuela lo convertía en realidad.

La recuerdo sentada frente a las ollas
(tenía una enfermedad por la que no podía estar mucho rato de pie),
con una mano que no he probado después.

Me hacía hamburguesas de verdad,
no como ahora que se compran congeladas
(de ella aprendí que lo importante en la cocina
no es demorarse poco sino el resultado).

Todo lo condimentaba con harto ajo,
porque según mi abuelo era bueno para el corazón.

Se preocupaba de tener lo necesario para que yo me hiciera banana split:
plátano, helados de chocolate, manjar y vainilla,
duraznos en conserva, caramelo líquido, crema chantilly
y salsa de chocolate.

Pero lo que la distinguía eran las arvejas.
Se esmeraba en hervirlas justo antes de llevarlas a la mesa,
para que no ser arrugaran al enfriarse.

Mi esperanza es llegar a tener algún día
esa delicadeza
en mi relación con los demás.

Ignacio

No había sitio para ellos


Muchas veces cuando leemos el evangelio se nos escapa el sentido de un pasaje al desconocer el contexto donde fue escrito. Con la expresión “no había sitio para ellos en la posada” nos imaginamos una especie de hostería con habitaciones particulares que estaban todas ocupadas, por lo que María y José –que por cierto, en ningún lugar dice que sea anciano como muchos imaginan(1)– no pueden arrendar una y tienen que buscar otro lugar, por lo que terminan en un pesebre (una cueva donde dormían los animales, que no es lo mismo que un establo). Pero “en las posadas palestinas, en realidad, siempre había sitio y a esa frase hay que darle un sentido diverso. La posada -el Khan- oriental, de ayer y aun de hoy, es simplemente un patio cuadrado, rodeado de altos muros. En su centro suele haber una cisterna en torno a la cual se amontonan bestias, burros, camellos, corderos. Pegados a los muros hay unos cobertizos en los que viven y duermen los viajeros, sin otro techo que el cielo en muchos casos. A veces pequeños tabiques trazan una especie de compartimientos, pero nunca llegan a ser habitaciones cerradas... A este patio se asomó José y comprendió enseguida que allí no "había sitio". Sitio material, sí. Jamás les dirá un oriental que no hay lugar. Amontonándose con los demás, siempre cabe uno nuevo. Lo que no había sitio adecuado era para una mujer que está a punto de dar a luz(2).

Lo significativo, entonces, es que Jesús –que para el evangelio es el Hijo de Dios– no tiene un sitio propicio donde nacer. Una reflexión sobre la Navidad hoy en día nos debería cuestionar sobre quiénes no tienen un lugar adecuado en nuestro país. Sin ánimo de ser exhaustivo, sino solo desde lo que me brota al recordar el año, tengo la sensación que muchas personas sienten que no hay sitio para ellos:

- Los mineros, pero más que los 33 que han sido recibidos como héroes, los 31 que murieron en diversos accidentes durante el 2010 (y los 373 en la última década). No hay sitio para ellos.
- Más allá de las discusiones sobre la medición de la pobreza, hoy son 3.198.360 los chilenos que viven con menos de $64.134 al mes. Y más impresentable es que mientras el 20% más pobre recibe en promedio $31.582 por persona, el más rico gana $759.485. Para algunos no hay sitio, ¿de quién estaremos más cerca nosotros?
- Los afectados por el terremoto. Los que perdieron todo y vivirán al menos un invierno más en Campamentos sin que, salvo las promesas, les hayan explicado qué hacer. Y esto lo digo porque tengo amigos en Constitución que viven en mediaguas. No hay sitio para ellos.
- Los estudiantes a los cuales les cerrarán sus liceos y escuelas por razones económicas. Peor aún, los estudiantes que en los próximos años no logren entrar a los liceos de excelencia. En especial para ellos no habrá sitio.
- Y los presos, no solo los 81 que murieron en la cárcel de San Miguel, sino los 52.959 que viven en condiciones indignas en los presidios de todo el país. Para ellos no solo no hay sitio, sino que como sociedad les hemos construido un lugar inhumano y pareciera que cada vez queremos enviar más personas ahí. No había sitio para ellos.
- Esta lista, lamentablemente, puede ser interminable, ¿para quién más no hay sitio?

Ignacio Corcuera
---
(1) Esto viene de una tradición medioeval, donde se lo representaba como un anciano.
(2) José Luis Martín Descalzo; "Vida y Misterios de Jesús de Nazareth"; Salamanca; 1990; Pág: 128-129.

Informe Valech

Cerca de 30.000 personas en Chile
fueron torturadas por el Gobierno militar,
el testimonio de esto se encuentra en el Informe Valech,
documento que hay que leer al menos una vez en la vida.


Detenido sin razón justificada,
fui llevado entre palos y empujones.
Testigos falsos declararon en mi contra.
Me condenaron por no apoyar al régimen.

Me desnudaron.
Abofeteado, una y otra vez, en medio de burlas.
Vendaron mis ojos y escupieron mi rostro.
Me golpearon repetidamente con una vara en la cabeza
mientras preguntaban: ¿quién fue?

Fui azotado en la espalda
-se divertían-
y coronado de espinas.


Ignacio

Rescate

http://www.boston.com/bigpicture/2010/10/rescued_from_a_chilean_mine.html?camp=localsearch:on:twit:rtbutton&ref=nf

Hace muchas semanas que el derrumbe de la mina San José dejó de ser un simple accidente donde una treintena de mineros quedaron atrapados bajo tierra y un ingenioso operativo para rescatarlos con vida. Mientras los diarios extranjeros informan del hecho y del impresionante esfuerzo logístico que significó rescatarlos, en Chile se habla de ‘héroes’ tanto para describir a los mineros como a quienes los rescataron o de la ‘victoria’ que el país logró en la dura batalla contra quien, meses atrás, había destruído todo lo que encontró a su paso. En un tono menos poético, también se analizan las repercusiones que esta situación tendrá en términos sociales, el rol que han jugado los medios de comunicación y el modo como el gobierno ha manejado la situación –incluyendo, por supuesto, los dividendos políticos que ello implica–. El accidente y el rescate, entonces, sobrepasaron los límites de un simple hecho para convertirse en ‘narración nacional’, fenómeno mediático y barómetro de notoriedad política.

Si bien todos estos análisis son justos, tengo la impresión que ninguno da cuenta de cómo este accidente ‘toca algo’ de cada persona. Dejando de lado el discurso chovinista y el juicio preciso, esta especie de parábola pareciera reactivar, en cada uno, cosas que han sido tapadas por quién sabe qué derrumbe pero que siguen ahí… vivas y enviando señales de su presencia. Los sueños de juventud que fueron cubiertos por el polvo de eso que nos gusta llamar ‘la vida real’ o simplemente las ganas de vivir ahora ocultas entre tantos conflictos y depresiones, parecieran cantar desde el fondo de nosotros ‘la canción nacional’ y así recordarnos que están ahí, tan reales como la peor de las pesadillas.

¿Por qué no poner en marcha, entonces, las logísticas que rescaten a esos olvidados que, de vez en vez, nos envían señales de su presencia? Hay muchos enterrados haciendo fuerza por salir –los pobres en los campamentos, los mapuches en el sur, los homosexuales en nuestras familias,… – como también dimensiones de nuestra vida que pugnan por ver nuevamente la luz –devociones olvidadas, sueños de justicia, lecturas o amigos dejados de lado, …–.

Qué bonito sería, como nos cuenta el evangelio, invitar a los vecinos para decir: “había perdido una moneda y la he encontrado; tenía una oveja perdida, pero ahora está segura sobre mis hombros”. Visto así, no pareciera tan difícil sumarse a la real alegría de los familiares de los mineros… ni a la eterna alegría de Dios.

Hijos de la tierra

La realidad se impone.

Frente a todos los discursos sensacionalistas sobre el bicentenario, la fiesta patria ha puesto sobre la mesa lo que somos y tenemos. Ni más ni menos. Quienes pensaron que a esta celebración solo podrían participar los parientes bien vestidos, se ven obligados ahora a recibir a los familiares pobres y dejados de lado. Gracias a ellos y su abrupta irrupción, el niñito del MAC se ve obligado a compartir la mesa con la señora que aun toma mate al borde del brasero. La huelga de hambre de los mapuches, el encierro bajo tierra de los mineros o la rabia que se incuba entre los estudiantes han sido un cable a tierra aun más potente que el terremoto para todos quienes vivimos conectados con el mundo, pero desconectados del país y sus tensiones.

Para algunos, esta irrupción es una invitación a reconocer nuestra filiación terrestre. La ‘gente de la tierra’ nos ha recordado lo valiosa que ella es… incluso a riesgo de la propia vida. Quienes descienden a las entrañas de la tierra para extraer sus riquezas –también arriesgando la vida–, nos recuerda que el huaso a caballo es un falso personaje nacional y que la mayoría debe trabajar como temporero, minero o colono en el sur. En este año, entonces, los hijos de la tierra parecieran invitarnos a reconocer lo bello que es nuestro país y su gente, al mismo tiempo que los esfuerzos heroicos que deberíamos hacer para cuidarlo.

Sin embargo, no debemos olvidar que la ‘sangre araucana’ ha sido derramada y que su cultura y ritos han sido castigados durante siglos. El ‘rigor del minero’ no es fruto de un acto de heroísmo, sino del esfuerzo diario por ‘parar la olla’. El pequeño agricultor que ahora debe cortar árboles para las madereras o el pescador artesanal que debe comprarse un taxi para ganar plata, están más o menos en las misma situación. Todos ellos, tan conectados con la tierra y el mar, nos recuerdan que nuestro bello país está tejido también de injusticia y de ninguneos. Por eso, si sus demandas de justicia nos parecen fuera de contexto o novedosas, hay que preguntarse si vivimos en la luna aunque comamos empanadas todos los días o discutamos sobre el futuro ‘del país’.

Esperemos que este bicentenario nos ayude a aterrizar y no meter, como siempre, los temas debajo de la alfombra. ¿Dónde quedó, por ejemplo, el debate sobre el sueldo mínimo y la ley laboral, el necesario cambio de la Constitución y el sistema binominal, la discusión sobre la energía o el monopolio de algunas empresas? Esa también es tierra fecunda para sembrar justicia o simplemente dejar que crezca la maleza y la cizaña.

A no echar tierra encima, entonces, sobre nada ni sobre nadie; solo al final de nuestros días podremos entrar en ella y reposar. Mientras tanto, a trabajarla entre todos… como buenos hijos.

Vivir juntos

Hay personas que piensan que crecer es progresar. Como en esos antiguos juegos donde las fichas iban saltando los casilleros al ritmo de los dados, nos imaginamos que la vida será mejor mientras más cerca se esté de la meta y que cada vez que sale ‘6’ es tener buena suerte. Mirada así, la vida es un camino siempre hacia adelante y en constante progresión, donde una vez encontrado el ‘objetivo’ debemos ir acumulando experiencias que nos enriquezcan y donde el único problema es la velocidad con que nos acerquemos a ese fin.

Muchas veces este modo de imaginar la vida ha sido usado para referirse a la vocación. Así, el ‘llamado’ aparece como una voz que, desde el interior o el exterior, indica qué hacer con la vida y hacía dónde hay que avanzar. Igual que en las tragedias griegas donde el protagonista recibe una misión que debe cumplir contra viento y marea, la vocación viene a ser el faro que ilumina el caminar en medio de la oscuridad de la vida y que, una vez alcanzado, nos permite decir: “¡tarea cumplida!

El problema viene cuando esta idea de la vida y de la vocación se hace llamar cristiana. Según esta lógica, la voluntad de Dios sería un plan maestro del cual cada ser humano es parte y tiene una misión particular a cumplir. La tarea del cristiano, entonces, sería descubrir cuál es esa tarea que Dios le ha designado en la vida. La oración, las prácticas de fe y el servicio de los demás serían los medios para descubrir, en medio de tanta maleza, de dónde viene el llamado y cuál es la opción a tomar. Pero una vez sabida, el resto es fácil: con el objetivo claro, hay que progresar sin perder el norte frente a los ‘obstáculos’ o ‘pruebas’ que en el camino se esconden y planean la emboscada.

¿Por qué esta visión no sería cristiana –al menos, totalmente–? Las primeras comunidades cristianas nos han transmitido que, en Jesús de Nazareth, Dios Padre ha hablado clarito y sin ambigüedades. Ahí está la vocación que ha recibido toda la creación desde siempre y para siempre: ser otro Cristo. De ese llamado ‘no se salva nadie’. Dios quiere hijos y hermanos; esa es su única llamada y eterna invitación. La vocación, entonces, no es algo a hacer, sino una relación a construir y cuidar. ¿Cómo? ¿Haciendo qué? Eso lo deberá ver cada uno, confrontando sus propios deseos con la experiencia de Jesús, la tradición de la Iglesia y lo que los tiempos reclamen. Dios no elegirá por mí, ni dirá: “quiero que seas abogado, enfermera, sacerdote”. Libremente, cada hombre y mujer deberá elegir dónde, cómo y con quién amará más a Dios y a los demás; después, deberá ser fiel a la palabra empeñada y seguir cultivando esa relación que tendrá, como fruto, tal o cual acción particular. Insisto: Dios quiere hijos e hijas con quienes relacionarse y hacer cosas juntos, no gente buena que cumpla con su deber o que haga cosas en Su nombre.

Con Dios la vida es menos clara, pues todo va dependiendo de lo que hacemos con Él. Es una relación que, como todas, tiene sus ritmos. Y puede resultar que nuestra existencia, en vez de ir para adelante y progresar, vaya para atrás y se hunda… como en Viernes Santo. Por lo mismo, cuando un matrimonio cumpla 50 años de matrimonio no hay que alegrarse por la meta cumplida o la capacidad de soportar las dificultades. La pregunta cristiana será: todos estos años, lo que han hecho, ¿lo han hecho juntos?

Cuidar la Iglesia

Hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre la Iglesia institucional. Como nunca, las imágenes se agolpaban para escribir sobre su situación actual. La imagen de una anciana era la primera: luego de una bella juventud, esta mujer era escuchada por algunos nietos mientras los otros ya se peleaban la herencia. La segunda tenía que ver con el calentamiento global: igual que la polución, la Iglesia había dejado contaminar sus playas y campos sin tomar las cosas muy en serio. El resultado es que ahora, con sequias e inundaciones por doquier, ya nadie sabe qué hacer con el desastre ecológico. La tercera imagen para describirla venía de los mineros atrapados actualmente en el norte de Chile, con la diferencia que la sociedad actual va a dejar a los ‘mineros eclesiales’ atrapados a su suerte. Y así podría seguir con los ejemplos.

Cuando hay tiempo, entrego mis borradores a algún amigo para que me ayude con sus ideas. Si bien los comentarios son casi siempre de estilo o de frases que son incomprensibles, esta vez me pidieron no seguir zamarreando a una ya bien moreteada Iglesia. La petición –y es muy importante aclararlo- no era de ‘quedarme callado’, sino de ‘quedarme tranquilo’ y de no insistir en un tema que ya está más que claro.

Y haré caso……pero hasta por ahí no más.

Es cierto que confío en la conducción del Espíritu de Dios, en Cristo que cuidará de su Iglesia hasta el fin de la historia y en el Padre que invita a confiar en su acción. No pierdo la esperanza, tampoco, en el pueblo sencillo que expresará su fe aunque el Papa se haga musulmán como tampoco en el testimonio de muchos hombres y mujeres que entregan el pellejo en el servicio de su Creador y Señor. Ahí está el tesoro de la Iglesia. Sin embargo, creo imprescindible parar el cantinfleo eclesial tanto como los ataques al voleo de quienes ven en la Iglesia el último bastión de la barbarie. Ambos están igual de descalibrados en sus comentarios y es preciso decirlo… a riesgo de parecer el hermano que, en el colegio, se ‘agarra a combos’ casi irracionalmente por defender el honor de la hermana. Hay que ayudar a quienes sienten vergüenza de confesar su fe, pero hay que delatar también a quienes juegan con el precioso vocabulario que la Iglesia tiene para hablar de Dios.

En la fiesta de la Asunción de María al cielo, hay que encender un cirio y rezar para despabilarse de una vez por todas. Algunos han dado un paso al costado; otros están en silencio esperando que pase el aguacero. Yo pido a Dios Padre que su Iglesia sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y paz para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando’,… y voy a ayudarlo a que eso no sea solo una oración.

Hágase el amor

Una espiritualidad cristiana es un lenguaje para decir, en el presente, lo que Dios dijo al comienzo de la creación y dirá al final de los tiempos: “hágase el amor”. Con la creatividad del enamorado que se las ingenia para trepar al balcón de la amada y así conocerla, una espiritualidad intenta expresar, en lo limitado del hoy, lo que no conoce límite y expande el corazón más allá de sus propias capacidades. Magnifica tensión entre quien busca al Amado durante la noche o al amanecer del tercer día y que, aun llevándolo a su cuarto, sabe que Él escapa siempre a su control [1].

En la Iglesia católica cohabitan muchas espiritualidades. Al modo de hijas que honran a su madre y han ensanchado sus caderas haciéndola un más bella, cada espiritualidad ha enriqueciendo lo que la Iglesia vivió la tarde de Pentecostés. Sin embargo, ellas no surgen de la nada. Cada espiritualidad ha sido hija, al menos, de dos padres. En primer lugar, el vocabulario amoroso es una herencia familiar. Del mismo modo que las caricias maternas preparan al futuro marido, una espiritualidad es deudora de caminos ya recorridos y de “te amo” ya dichos en el pasado. La tradición se presenta como el gran arsenal amatorio preparado durante siglos y que capacita, por ejemplo, a una adolescente de Nazareth para decir “aquí estoy”. Pero este lenguaje también nace de una sintonía fina con las tensiones actuales y las incipientes vibraciones del futuro próximo; por eso, al nacer, cada espiritualidad recreó y reinventó el amor. Fiel a la historia y abierta a un presente siempre en venir, cada una puso su confianza tanto en el padre que la lleva hasta el altar como en el nuevo hombre que allí la hará suya.

Sin embargo, y sin negar la belleza de cada una, no todas han guardado la lozanía de su juventud. Una espiritualidad es pertinente sólo si ayuda a tener una experiencia de Dios en el contexto que toca vivir día a día, es decir, si es lenguaje que facilita el encuentro del creyente con la fuerza gravitacional del amor de Dios. Ella no es ‘actual’ a fuerza de decirlo. Su capacidad de articular lo que, en principio, son puras ideas sueltas o presentimientos se descubre en medio de la pista, cuando es capaz de dejarse mirar por quienes buscan el amor físico y metafísico. En caso contrario, este lenguaje sirve muy bien para lucirse frente a los amigos, pero es incapaz de enamorar a la niña que alborota el barrio.

Los creyentes debemos encontrar o incluso inventar cómo tener hoy una sólida experiencia con el Amor, y esto convocando a quienes efectiva y seriamente ‘hacen el amor’ y no sólo hablan de él. Nuestra época demanda un esfuerzo amoroso similar o incluso mayor que los realizados antaño. Cuánto bien nos haría a algunos escuchar de un amigo: ¡¡atina gueon, te está mirando!!



[1] Cfr. Cantar 3,1-4; Juan 20, 11-17

Falta de rigor


Al momento de debatir ideas, lo que marca la diferencia entre el énfasis del charlatán y la justeza del intelectual es el rigor. Mientras al primero solo le basta mostrarse ingenioso y lleno de talento en el momento preciso, el segundo se esfuerza para que sus intuiciones tengan una musculatura resistente y se transformen en cortante concepto. Aunque a veces tienden a parecerse, existe una clara diferencia pulmonar entre ambos personajes; en otras palabras: no tienen la misma fuerza parar aguantar la respiración bajo las profundidades del conocimiento ni la disciplina para producirlo. Lo que para uno es simple iniciativa y entusiasmo, en el otro es método.


Hay épocas donde no es difícil distinguir, en medio del debate, la pose del primero y la altura del segundo. Se percibe con claridad al ‘simpático’ de rápida anécdota del obrero que transformó en miel todo el polen traído por quienes tienen incluso mejor olfato e intuición que él. Sin embargo, hay tiempos que exigen un salto cualitativo a nivel de las ideas pero, debido a la poca claridad reinante, esta distinción ya no es tan fácil de hacer. Así, y en el momento donde el rigor debería ser la norma, se nos confunde el futbolista con el ‘pichanguero’ que mete goles incluso curado, el profesor con el ‘animador’ que mantiene a sus alumnos entretenidos pero que evita las preguntas, o el político con el tipo ‘movido’ que entusiasma la gallada a fuerza de inauguraciones. El ‘buen verso’ oculta la ‘precisión de la idea’, pero desgraciadamente se viste de ella. Resultado: con toda la gravedad del mundo, pedimos en el restaurant un ‘chat à l’orange’ creyendo que es liebre con papas duquesas.


Es verdad que el tiempo para la reflexión seria y concienzuda es un bien escaso. Pero no podemos acostumbrarnos, por muy veloz que sean los cambios, a improvisar en temas de grandes dimensiones e incluso creer que los hemos resuelto porque nos hemos hecho una opinión de ellos. El debate sobre el royalty a la minería, los graves conflictos de interés en funcionarios del estado, la posible nueva ley de pesca, la situación institucional de la Iglesia, etc… no son sino ejemplos de esto último. Los tiempos está demandando una rigurosa audacia y nosotros insistimos enviando ‘al pulpo’ que tome las decisiones o pidiéndole a San Antonio que nos mande un novio… todos los domingos.

Lecturas domingo 17 de Agosto

Isaías 56, 1 y 6-7
Salmo 66
Carta a los Romanos 11, 13-15 y 29-32
Evangelio según San Mateo 15, 21-28

Recibid su alma y presentarla ante el Altísimo

"La mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado".
Arthur Rimbaud; Una temporada en el infierno


Cada vez es más difícil discriminar qué leer. La selva de publicaciones es exuberante: libros se acumulan en el velador pidiendo minutos al momento de irse a acostar; páginas web con noticias de último minuto que jamás son las últimas; revistas con investigaciones que anulan los anteriores descubrimientos. La información es mucha, y cada vez resulta más complicado saber qué vale la pena leer y qué sería bueno desechar. Y porque nosotros estamos igual de perdidos respecto a lo que hay que leer, hemos preferido ayudar del siguiente modo: dejando de escribir. Es nuestra manera de colaborar con la descontaminación informática.

En todo caso, este silencio también tiene una razón teológica. Domingo a domingo hemos buscado sujetos y predicados que acompañen al Verbo de Dios. Libremente nos impusimos como tarea estirar las palabras al máximo en esta búsqueda, incluso forzando los conceptos para que den lo mejor de sí. Sin embargo, la tarea era desproporcionada frente a nuestros calambrientos empeños; aunque llenos de hollín, volvíamos de las profundidades del pirquén sólo con un puñado de carbón que compartir. Hemos sido vencidos por el espacio que dista entre una palabra y otra, el silencio que amenaza con el abismo a las notas musicales.

Pero el trabajo no ha sido en vano. Porque hemos conocido en carne propia la lucha nocturna de Jacob con el ángel, caemos rendidos ante el Misterio de Dios que lo inunda todo. Nos asusta menos el silencio y la soledad, los malos tratos o los cariños a destiempo; en el esfuerzo hemos sido vencidos por la insondable oscuridad del Dios que no hace distinción entre judíos y paganos, esclavos y libres, religiosos o laicos.

Ante el Misterio de Dios, tarde o temprano, terminaremos todos en silencio. Quizás por eso la muerte, Silencio total, será el definitivo encuentro con la multicolor presencia de Dios. Allí, sin más que decir, escucharemos por fin al Señor que ha pronunciado la primera Palabra y también dirá la última, aquella que ha comenzado cualquier diálogo y la que dará sentido a toda la conversación. Allí nos encontraremos con el Buen Samaritano: el que nos ha traído hasta esta posada y volverá, al fin de los tiempos, a cancelar todos los gastos que hemos hecho.

Los invitamos, entonces, al responso de este blog.

Mario

Rueguen por nosotros

Las putas tristes,
las putas descomunales,
las putas que hacen patria,
las putas que nunca se quejan,
las mujeres de vida alegre
cuyas vidas no son alegres,
las meretrices.

Las putas baratas,
las putas bíblicas,
las putas que necesitan lubricación,
las putas hijas de putas,
las putas redimidas
y recaídas,
las putas que alimentan con el sudor de su sexo a sus hijos.

Las putas caras,
las putas incondicionales,
las putas que no dan besos en la boca,
las putas que se pagan sus estudios,
las mujeres de la noche
no obstante trabajen todo el santo día,
las bataclanas.

Las putas ricas,
las putas fieles,
las putas obligadas desde pequeñas,
las putas que han probado todas las posiciones,
las putas despreciadas por sus hijos
que es el peor de los desprecios,
las putas que sufren fuera de su trabajo más que en su trabajo.

Las putas viejas,
las putas pomposas,
las putas que lo pasan mal,
las putas de burdeles,
las mujeres de vida fácil
cuyas vidas no son fáciles,
las golfas.

Las putas desgastadas,
las putas primerizas,
las putas que ya no ejercen,
las putas de plaza San Enrique,
las prostitutas con carné sanitario al día
aunque no se reconozca su profesión,
las putas que esperan inconfesablemente a alguno que las rescate.

Las putas golpeadas por sus clientes.
las putas golpeadas por sus cafiches,
las putas golpeadas por sus padres,
las putas golpeadas por sus hermanos,
las putas golpeadas por sus maridos,
las putas golpeadas por sus amantes,
las putas golpeadas por sus hijos.

Las putas extranjeras,
las putas cansadas,
las putas que les gusta el pico,
las putas del barrio San Camilo,
las putas que se sienten acogidas por la Iglesia
y las que no,
las rameras.

Las putas-travestis,
las putas despreciadas,
las putas que cobran sobre 150.000 pesos,
las putas de las esquinas comunes y corrientes,
las putas que más que otras presas
arriendan el oído,
las mujeres que por ser mujeres son tratadas como putas.

Las putas –todas las putas–
llegarán antes que nosotros al Reino de Dios.*

Ignacio

*Nota del Autor. Lo dice clarito Jesús en Mateo 21, 31: “En verdad les dijo que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que ustedes al Reino de Dios”.

Debut y despedida

Como es la primera y la última vez que escribo un comentario en Todos los Domingos, me puedo dar algunas licencias. Normalmente nos inspiramos en el evangelio del domingo próximo, yo comentaré el anterior. Primero y último, de eso se trata.

El Evangelio de ayer es fuerte, en pocos pasajes vemos la humanidad de Jesús tan sorprendentemente como en éste. El maestro bueno desprecia, en un primer momento, a la mujer cananea (pues considera que su misión es solo "para las ovejas perdidas de Israel"), pero después, gracias a la insistencia de ella, lo reconsidera y sana a su hija. ¿No había sufrido él también prejuicios por el lugar donde nació? Cuando se presentó como profeta la gente comentaba: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” (Jn. 1, 45). Esta madre le recordó que él eligió ponerse del lado de los despreciados de la historia, no por sus méritos, sino por ser precisamente despreciados. No podemos olvidar que los preferidos de Dios son los marginados, los excluidos, los diferentes, los discapacitados, los que no tienen acceso a este blog. Primeros y últimos, de eso se trata.

Jesús se encarnó para decirnos que la salvación no viene del lado que nosotros creíamos, no llega desde el poder, no parte desde los puros e intachables, no chorrea desde los prestigiosos, no proviene desde los que escriben bien. Los primeros salvados no son los que tienen grandes ideales o se la juegan por superar la injusticia. Su predicación golpeó a la rígida sociedad donde vivió, porque quiso mostrarles que los salvados no son los que todos alaban. Si nos fijamos bien en los evangelios, su lenguaje no es almibarado, sino directo y punzante. Él le dijo al pan pan y al vino vino, aún cuando era lo políticamente incorrecto, él criticó a los de su tiempo por ser insensatos y necios, y echó a los comerciantes de la casa de Dios, para que pudieran entrar los pobres (aunque ellos construyeron nuevos templos). Primeros y últimos, de eso se trata.

En estos días de lluvia, mientras unos van de compras buscando la parka de moda, otros pasan frío… ¿y Jesús? Él pasó frío, nació en una cueva desnudo, y desnudo murió en una cruz. Pero, si se identifica con los excluidos es porque los acepta a todos. Al estar con los que se retrasan no deja de lado a los primeros. Ahora que están en el centro de nuestras miradas las carreras de velocidad, debemos reconocer que él felicitaría al último que atraviesa la meta... si el que llegó primero se va, se pierde la celebración. El que ríe último hace que la risa esté completa, el que ríe último hace que riamos todos juntos, en eso consiste el Reino de Dios, en que nadie quede fuera de la fiesta. Primeros y últimos, de eso se trata.

Que los primeros que lleguen al cielo –que son los últimos de este mundo– rueguen por nosotros, que nos creemos buenos. Primeros y últimos, de eso en realidad no se trata, sino de cómo él busca incluirnos a todos.

Ignacio Corcuera

Adiós


1 año y 10 meses en el aire.
59 semanas publicando.
47 opiniones de Mario.
11 comentarios de Andrés.
67 poemas de Ignacio.
54 invitados.
809 contactos en el mail.
Más de 19.666 visitas.
Y el infaltable Editor,
que metió su cola 73 veces,
dicen a-dios.

Esta puerta se cerró,
tal vez alguien grite después:
TLD “...sal fuera”.

Ignacio

(El Editor)

Nota del Editor:
Jesús le grita a Lázaro, que lleva 3 días en el sepulcro, "Lázaro, sal fuera" cuando lo resucita en Jn. 11, 43.

Lecturas domingo 6 de Julio

Zacarías 9, 9-10
Salmo 144
Carta de San Pablo a los Romanos 8, 9 y 11-13
Evangelio según San Mateo 11, 25-30

Lenguaje subtitulado


Al salir de la iglesia, y de la manera menos directa que pude, le pregunté qué le había parecido la prédica. Luego de varios años, la Jime parecía interesada en retomar su vida de fe y, como mucha gente, lo hacía yendo a misa.

Aunque quedamos en distintos lugares dentro de la iglesia, me las arreglé para no perderla de vista. Con uno ojo en el cura y otro sobre ella, me pasé la misa mirando cómo, a veces, repetía las oraciones junto a todos y, en otras, cómo permanecía en silencio; cómo fruncía el ceño o cantaba casi sin mover los labios.

Mmmm... bien, me respondió sin mucho ánimo mientras saludábamos a algunos conocidos míos al salir. “¿Y los cantos?. ¿Y la gente? ¿Y...?” No hubo caso. Cada intento recibía una frase desganada. Pero al final, cuando ya nos íbamos, me dijo: “Sabes... entendí poco de lo que dijo el cura. Me hizo bien, pero...

Cuando la Jime decía no haber entendido, ¿se refería a una incapacidad de escuchar las palabras o desconocer el idioma que hablaba el cura? Creo que pocas palabras eran nuevas y la mayoría forman parte de su vida diaria. Su problema, entonces, ¿se situaba a nivel dogmático o en lo extraño de algunas afirmaciones? Tampoco parecía ser éste el inconveniente; por no entender el lenguaje, mucho menos podía hacer un juicio sobre el contenido de lo ahí dicho. El punto era que, si bien reconocía cada palabra usada, no captaba qué se estaba queriendo decir con ellas, cuál era el uso que ahí se les daba.

Jesús se esfuerza por explicar, aunque sea con peras y manzanas, el significado de las parábolas. Quiere que nadie tarde en amar esa Hermosura tan antigua y tan nueva*.

¿Necesitará nuestro lenguaje religioso, subtítulos?

Mario

* Nota del Editor: cita a San Agustín.

Cansancio

Vengan a mí los que están cansados
y agobiados, y yo los aliviaré.

Lava mis pies, Señor,
que vuelven cansados de recorrer el mundo.
El barro seco ya hizo grietas de ellos.
Las piedras convirtiéronse en llagas.
En la hierba las espinas los han clavado.
Sobre el asfalto no han tenido tregua.

Lava mis pies, Señor,
que en ese gesto
tan humano,
tan divino,
me das fuerzas para volver a caminar.

Ignacio

Sabios y entendidos


Desde que nacimos estamos aprendiendo. Aprendimos a hablar, a caminar, a sentarnos bien en la mesa, a ser caballeros o señoritas, a mirar antes de cruzar la calle, a no hablar con desconocidos. Aprendimos a no salirnos de los esquemas, a no desubicarnos. Aprendimos que para aprender tenemos que ser metódicos, y que para tener éxito hay que seguir el camino correcto.

Nos llenamos de técnicas para enfrentar la vida con certeza y sobre todo para no olvidar lo que hemos aprendido. Sabemos que para que nos vaya bien tenemos que estudiar. Que para caer bien tenemos que mirar sonrientes y ser simpáticos. Que para ser aprobados tenemos que hacer lo que hacen los demás, y que antes de hacer algo tenemos que pensarlo dos veces. Buscamos la forma de no embarrarla. Incluso sabemos que para aprender tenemos que equivocarnos. Y mientras más aprendemos, tenemos más certezas.

Poco a poco nos vamos armando. Ya aprendimos lo suficiente, ya estamos creciditos. Ahora tiene más mérito afrontar las cosas solos. No necesitamos que nos expliquen. Conocemos la estructura, y creemos que mientras más sepamos, seremos independientes, autosuficientes y no necesitaremos de los demás. Solo así obtendremos la libertad que tanto anhelamos. Ganamos merito mostrando ese saber afrontar la vida sin los otros. Nos transformamos en sabios y entendidos, porque hemos aprendido a valer por nosotros mismos.

Y se nos olvida lo fundamental. Se nos olvida lo que nos dijo quien más sabía. Se nos olvida que no hay más certeza que el total misterio. Que nuestras certezas nos cierran al otro, nos arman, nos estructuran. Se nos olvida que él se revela a los sencillos. Que llenándonos de saberes no encontramos el camino. Que el camino se forja con otros, no con técnicas y formas, ni con la tan valorada autosuficiencia. El camino se forja con cariño y entrega. Con el reconocer el agobio de tanta certeza y entregarse a la incertidumbre de no poder determinarnos solos, y necesitar de otros para caminar.

Paloma Del Villar T.


Lecturas domingo 29 de Junio

Fiesta de San Pedro y San Pablo

Hechos de los Apóstoles 12, 1-11
Salmo 33
2ª Carta de Pablo a Timoteo 4, 6-8 y 17-18
Evangelio según San Mateo 16, 13-19